El rugir de un avivamiento
¡El rugir de un gran avivamiento!
¡Dame almas o me muero! Gemía aquel
hombre de Dios por las calles de Escocia cuando en las ciudades había más
cantinas que consultorios médicos. Era Juan Knox, un hombre quebrantado en
busca de un avivamiento para su país. Su imagen era la de un hombre cansado de
la corrupción religiosa con el anhelo de ver en acción las verdades básicas del
evangelio transformando hombres y mujeres por el poder el nuevo nacimiento.
Juan Knox, un hombre que en su
interior era sumamente tímido se convirtió en un hombre intrépido predicando
mensajes que tocaban el corazón hambriento de personas sedientas de la verdad
divina. Juan decía al pueblo que había venido de parte de Dios, y que no traía
un mensaje con palabras dulces y bellas, sino duras que producían verdaderos
arrepentimientos. ¡Se escuchaba el rugir de un avivamiento!
Aquel atrevimiento le costaría a
Juan Knox y sus seguidores ser enviados a Francia desterrados. La reina de
Escocia decidió encadenar a Juan en las galeras. Cuando Dios decide encender un
fuego de avivamiento no hay quien lo pueda detener. Después de sufrir como
esclavo, las puertas se abrieron nuevamente para un hombre decidido a tocar el
corazón de Dios para ver el derramamiento
de su poder.
El avivamiento estaba tocando al
Reino Unido. Inglaterra estaba siendo sacudida desde el mismo palacio real donde
Juan había sido recibido por el joven rey Eduardo VI. El fuego se extendería a
Francia y todo el mundo a través de un hombre quebrantado decidido a pagar un
precio caro por ver el fuego de Dios tocando las vidas trayendo salvación y
liberación a los corazones sedientos.
¡Bautiza con tu Espíritu Santo! Suplicaba
aquel hombre humilde e inculto hijo de padres que habían sido esclavos. Joseph
Seymour era de esas personas raras que aparecen de vez en cuando en el mundo
para hacer notar la gloria de Dios en medio de la oscuridad.
Para Seymour, el mensaje del momento
era una renovación del Pentecostés, según la evidencia de la llenura del
Espíritu Santo acompañado por el hablar en otras lenguas. Cuando se esparció la
voz de este fuego de avivamiento a través de la ciudad de Los Ángeles,
multitudes de personas comenzaron a llenar la casa en la Calle Bonnie Brae. Era
evidente que se necesitaba un lugar más grande. Finalmente, encontraron un
deteriorado edificio vacante en la 312 Calle Azusa, y lo alquilaron.
¡No buscaron el lugar más cómodo y
bello! Aquel lugar que se usaba como establo se llenó de la gloria de Dios. Con
dos cajas de madera como púlpito y un lindo piso cubierto de aserrín, el lugar
se llenó de personas hambrientas de un avivamiento. Por tres años, durante 24
horas al día el gemido de las almas sedientas se dejó escuchar en el cielo.
¡Esto no podía pasar desapercibido en el cielo!
Más de 600 millones de personas
llenas del Espíritu Santo alrededor del mundo fue el efecto del llamado “El
avivamiento más grande del mundo” producido por un hombre sencillo, para la
tierra inofensivo, en el cielo conocido y en el infierno temido.
El periódico más importante de los
Estados Unidos publicó esta nota. Susurrando
vocablos extraños y articulando sílabas que ningún mortal en su sano juicio
lograría entender, la nueva secta religiosa empezó en Los Angeles. Las
reuniones se realizan en la calle Azusa, cerca de la Calle San Pedro, y los
devotos de esta extraña doctrina practican sus ritos fanáticos, predican las
más salvajes teorías y llegan a un estado de loca excitación. La congregación
se compone de gente de color y algunos blancos, y la noche del vecindario se
hace espeluznante por los gritos de los adoradores que pasan horas
balanceándose en una actitud de oración y súplica. Ellos dicen tener “el don de
lenguas” y la capacidad de comprender el idioma.
Un Viejo de color, ciego en un ojo,
es el líder del grupo. Con su ojo de vidrio puesto sobre un creyente sin
suerte, el viejo hombre grita desafiante y reclama una respuesta. El cielo
escucha el gemido desesperado de alguien que sabe que será escuchado en el
mismo trono del Altísimo. Aquel altar improvisado se llena de personas
derramando su corazón para “ver a Dios” derramando de su gracia sobre toda una
nación.
El despertar de un nuevo siglo fue
testigo de la perseverancia de un joven veinteañero llamado Evan Roberts. Dios
busco y encontró al que sería el canal de bendición y avivamiento sobre Gales,
un pequeño principado de las Islas Británicas, y así conmocionar al mundo de su
tiempo.
Una de las cosas que más me ha
maravillado de este avivamiento iniciado en 1904 es que fue con jóvenes y
niños, tal vez el de más edad entre todos era el propio Evan Roberts, de solo
26 años. Cuando tenía 13 años empezó a ir a las reuniones de oración, y por
trece años no se perdió ni una de ellas, hasta que el Señor lo visitó.
Dios le dio visiones y sueños. Uno de ellos era que 100.000 personas se
volverían al Señor Jesús en arrepentimiento. En otra ocasión vería la boca del
infierno tragando a miles, por lo cual oró al Señor pidiendo que por un año
tapara la boca del infierno.
Por los registros históricos tan
impactantes en ese año, creo que Dios se lo concedió. Pero lo mejor de esto fue
la visita que el Señor Jesús le hizo en varias noches: la gente veía luz en su
rostro y temblor en su cuerpo por esta visitación.
La gente llegaba para escuchar a un
hombre poseído por el Espíritu Santo hablar con denuedo una palabra de
arrepentimiento. Convencido de que la boca del infierno se había cerrado por un
tiempo, gemía con vehemencia que Dios le visitara con un avivamiento. Aquella
joven voz fue conocida primero en el cielo y luego en la tierra. El resultado
fue asombroso. El Espíritu Santo cambió el curso de la historia, las cantinas
cerraron por falta de clientes, las cárceles quedaron sin presos porque no
había delincuentes, los estadios de futbol estaban vacíos, miles de personas
llenaron las calles predicando un evangelio de poder.
Aquel joven minero gritaba
desesperado: «Vamos a ver el avivamiento más poderoso que Gales
haya conocido, y el Espíritu Santo está por venir ahora. Debemos estar listos;
debemos ir por todo el país, predicando. ¿Puedes creer que Dios puede darnos
100.000 almas ahora?”
Evan fue usado para empezar uno de
los movimientos más grandes de Dios de todos los tiempos. Él caminó con la
visión aun cuando le dijeron que era un loco y un necio, pero no perdió la
oportunidad de ver "el Avivamiento de Gales". El motor que impulsó
este avivamiento no fue una doctrina o una organización o personalidad humana,
sino el Espíritu Santo, moviendo sus poderosas alas y excitando su nidada en
Gales.
¡Hay un común denominador en cada avivamiento, un gemido de oración
sincera para que Dios traiga vida donde no la hay!
Este gemido se deja escuchar por muchas partes. El cielo se está
llenando de estas oraciones sinceras de personas cansadas de ver la muerte
espiritual a su alrededor. Este es uno de los tiempos donde la palabra del
profeta se cumplirá.
Zacarías 12.10
Y derramaré sobre la casa de David y sobre los habitantes de Jerusalén un
espíritu de gracia y de súplica. Mirarán al que traspasaron y harán duelo por
él con duelo como por hijo único, afligiéndose por él como quien se aflige por
un primogénito.
¡Esto está sucediendo en muchas partes de México! Antes de una
visitación verdadera de Dios, se desata un espíritu de oración intensa, gente
gimiendo por Dios, afligiéndose y pagando un precio para que Dios descienda con
poder.
¡Dios, hazlo de nuevo!
Con amor, José Félix Coronel
